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Epílogo: Una aproximación caritativa al anarquismo
Adoptar una política de acomodación racional, como se señaló, significa modificar la molesta carga de la atribución de irracionalidad: cuando esa atribución ocurra, el observador, no el actor, debe ser el primero en llevar esa carga.
Esa modificación involucra cuestionar el arsenal de temas estándar que ha caracterizado a la historiografía irracionalista del anarquismo: la condena de un movimiento que solo puede eternamente morir y volver a vivir, como por germinación espontánea; lo cíclico, la discontinuidad, el espontaneísmo, la falta de organización, la incoherencia, y la violencia fútil como la clave de su anarquismo; y una explicación ‘causalista’ de la protesta como reacción ciega al pesar económico de parte de un movimiento al que no se le pueden atribuir razones comprensibles.
Davidson mantiene que las creencias de un actor pueden solamente hacer sentido en términos de la racionalidad propia de un observador. Así, la tarea del historiador caritativo se convierte en investigar si es que el anarquismo puede ser interpretado en términos de lo que consideramos racional: continuidad, acción sostenida, evolución basada en la experiencia, la planificación, la organización, la coherencia entre fines y medios, y una teoría sólida. Esto involucra cuestionar no sólo nuestra propia comprensión de las creencias anarquistas, sino también la apariencia engañosa de su conducta opaca.
Enfocarse en la acción anarquista en relación con las creencias y actitudes evaluativas de los anarquistas, y en dar la razón en vez de en explicaciones causalistas, implica ver el anarquismo desde una perspectiva interna. El contexto amplio social en el que la acción anarquista se situaba insta a ser analizado al grado requerido para hacer sentido de aquella acción, y principalmente en términos de la propia percepción de los anarquistas de aquel contexto.

Una explicación irracionalista y una racional pueden adecuarse por igual a la evidencia disponible. Sin embargo, por su misma racionalidad, la última es superior. Un reporte irracionalista demanda una explicación que respalde esa irracionalidad. En contraste, parafraseando a Boudon, tan pronto como el anarquismo puede ser explicado como el resultado de la acción racional, la explicación no invita a más cuestionamientos: ‘la acción racional es su propia explicación’ (‘Beyond’, 2–3).